A finales de los años 60 del pasado siglo, el mundo estaba sufriendo cambios importantes, sociales, físicos, espirituales... Por aquel entonces sonaba una canción que hizo soñar a miles de seres humanos en todo el mundo: "When the Moon is on the seven house, and Jupiter aligns with Mars"Entre movimientos juveniles, flores y cabellos largos, se anunciaba la llegada de una nueva Era, la Era de Acuario. La Era en la que el hombre dejaría de luchar contra el hombre y se asomaría al Universo una nueva Humanidad, la nueva Era Dorada.Hoy en día muchos se preguntan todavía a que distancia se encuentra la nueva Era. "El amanecer se vislumbra cuando todo está sumido en la más profunda oscuridad de la noche.Y en el instante preciso el nuevo día acaba llegando."En los últimos jirones de oscuridad, nos hemos encontrado. No importa el camino que nos ha traído hasta aquí. No importa qué es real, ilusión o fantasía. Lo cierto es que nuestros caminos se han unido para volver realidad algo que programamos antes de nacer el tiempo. Y aquí estamos, edades indefinidas, sapientes, concretas, venimos cargadas de las historias que mujeres, niñ@s y hombres nos susurraron en nuestro andar. Conocemos el origen y el final. Hemos vencido al miedo. Nos hemos vencido a nosotras mismas y a nuestros ancestros para resurguir como lo que realmente somos, lo que siempre hemos sido: MUJERES, Mujeres en hermandad, con hombres reales a nuestro lado.La Hermandad no nace ahora, desde que surgió la primera mujer, existe. No puede nacer, ni puede morir. La hermandad es pura vida. Mientras existan mujeres, existirá la hermandad. "Hubo un tiempo, ya lejano, en el que todas las mujeres de una tribu se consideraban hermanas y se sentían madres de todos los niños nacidos allí.El Amor que las alimentaba salía de una gran Vasija. La Vasija del Espíritu.La guardaban en la tienda sagrada de las mujeres. Era en esa tienda donde ellas se reunían durante sus lunas. Y también era allí donde entraban niñas y resurgían como mujeres plenas.Realizaban ofrendas y rituales. Tejían los hilos ancestrales de la hermandad. Y con su tejido creaban el mundo que habitaban. Conocían las plantas y sus poderes, hablaban con los animales y convocaban al viento. Hombres y mujeres convivían en total armonía. La risa y el juego llenaban sus días.Las manos y el corazón de las mujeres cuidaban y criaban a los niños en igualdad y equilibrio. Sin diferencias ni clases.Un día, nadie sabe cómo, la Vasija Sagrada se rompió.Poco a poco los hombres empezaron a diferenciar a sus hijos.Querían que el fruto de sus semillas brillase por encima de los otros.Empezaron a utilizar el conocimiento de las plantas sagradas que las mujeres les habían compartido para ganar poder individual.Se crearon linajes y clanes.La hermandad de las mujeres se debilitó. Cada una pasó a ocuparse únicamente de sus propios retoños. El mundo se deslizaba, perezoso, hacia la larga oscuridad.Las mujeres olvidaron sus dones, dejaron de tejer en armonía, los hombres descubrieron el placer del poder sin más. Y los niños, ah! Los niños, ésta es otra historia, más adelante quizás os la pueda contar...¿quién rompió la vasija? ¿qué contenía?¿por qué pasó? Os preguntaréis:"Porque está escrito que sólo sabes valorar lo que habiendo perdido has vuelto a conquistar."Aunque os parezca extraño, todas las mujeres nacemos con el brillo más o menos intenso de la hermandad. Todas somos hermanas en el tiempo y el espacio. En algunas el brillo está tan vivo que nos ha empujado finalmente a comprender para qué estamos aquí . Este saber llena los días de instantes de absoluta felicidad. Somos energía femenina posicionándose donde le corresponde. Somos ese polvo de estrellas que parece sólo polvo, pero que realmente es una tormenta, la tormenta perfecta hacedora de cambios.Somos la hermandad de Mujeres empoderadas, nos nutrimos y nutrimos sin necesidad de manipulaciones y engaños, sin víctimas, ni verdugos. A nuestro lado se alza el hombre sin miedos, ni culpa, pares distintos y complementarios, compañeros de un viaje individual y colectivo. Somos la Danza de la Hermandad, Mujeres y Hombres empoderados, porque en esta época mágica en la que hemos escogido vivir, la llama de la hermandad brilla poderosa tanto en hombres como en mujeres y sólo danzando juntos la nueva Era, el nuevo Orden podrá arraigar.